A cara de perro

En Facebook la competencia puede medirse entre los usuarios, como quien posee más contactos o “amigos” aunque no conozca a todos ellos es más famoso.

Dicho fenómeno podría ser comparado con el nivel de popularidad en la vida real, el que realice más y mejores actualizaciones con fotos, videos o comentarios y que a su vez reciba mensajes de sus “amigos” sobre dichos “posteos” puede ser considerado más popular.

A su vez Facebook nos brinda las opciones de configurar la cuenta a nuestro gusto y la posibilidad de elegir como deseamos que los demás usuarios vean nuestro perfil, pero, realmente, nosotros ¿Tenemos el control o sólo creemos que lo tenemos?

La arquitectura de Facebook está creada con el fin de hacernos sentir a gusto en un mundo virtual. Desde cada hogar, ciber o trabajo, la gente ingresa a las redes sociales y se entera de las novedades que cada contacto aporta, sin contacto físico con el otro se entera de su vida, preocupaciones y motivaciones, las distancias se acortaron a un click.

Podemos compartir nuestros gustos con cualquier persona que nos acepte, en cualquier parte del mundo, ateniéndonos a las consecuencias de perder nuestra privacidad. Cuanta mayor exposición tenemos en la virtualidad, nuestra privacidad disminuye, compartiendo nuestra identidad con usuarios que quizás no conozcamos, se asemeja a un “Reality Show”.

Facebook es un experimento social de perfil neoconservador, por lo cual, en el último tiempo, también fue utilizado por el sector político a fin de promocionarse y hacer llegar a más personas su discurso.

Parece imposible permanecer al margen del consumo de las redes sociales, pero está en las decisiones de cada individuo el poder de discernir y captar solamente lo que es necesario y útil para cada uno.

Lic. Luján Gassmann

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